BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES

Novela, 1ª de la Trilogía “Imperio del sol”, Alcalá Grupo Editorial, 2013.[ISBN 978-84-15-00931-3]

PRESENTACIÓN BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES (Centro Andaluz de las Letras, 13 de noviembre de 2013) Presenta el libro: José Manuel García Marín

PRESENTACIÓN BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES

(Centro Andaluz de las Letras, 13 de noviembre de 2013)

Presenta el libro: José Manuel García Marín

 

Agradecimientos.

El domingo por la tarde traté de hilar una serie de frases que me permitieran crear el espacio previsto para la presentación de esta tarde pero la primera palabra que llegó a mis labios fue corrupción. Y, como si se tratara de una especie de estigma, las palabras se asustaron, y por mucho que trataba de hacerlas surgir de mi imaginación, no podía. Tuve que desistir de hacerlo porque el partido del Betis y el Barcelona reclamaba mi atención. Un claro homenaje al amigo bético Antonio Hernández que debió sufrir de lo lindo con la sombría derrota y olvidar una vez más cantar en su casa de Claudio Coello el himno de Andalucía en honor de los verdiblancos.

Sin embargo, a vueltas con esta novela y su presentación la madrugada del día siguiente anduvo algo revuelta y, de pronto, a las cinco de la mañana las ideas sobre la presentación comenzaron a surgir con bastante naturalidad. Claro que con toda la naturalidad que pueden surgir las palabras a una hora tan intempestiva. No soy el único, sin embargo, que desde hace algún tiempo se despierta a estas horas cuando tiene algo que escribir. Hace unas semanas, tomándonos un café en Madrid, me comentaba el novelista Antonio Gómez Rufo que desde que andaba escribiendo su última novela sus personajes le brotaban con enorme perseverancia en torno a esa hora de la mañana y ya no podía dormir más sino que comenzaba a hablar con ellos como si tal cosa, quizá a soñarlos, hasta que la luz de la mañana hacía el resto.

Y es que cuando la literatura hace su aparición, ya todo acaba convertido en literatura, incluida la misma vida.

Miren si no este comienzo. Quizá antes de comenzar a hablar de esta novela debería de hacerlo sobre los prolegómenos de la misma que son tan importantes o más que esta.

Debería decir que Bajo el signo de los dioses forma parte junto a Cautivo y Puerta Carmona de la trilogía que lleva por título Imperio del Sol, no ya un recordatorio del siglo de Oro, sino un homenaje sin paliativos a Miguel de Cervantes, mi guía espiritual durante esta larga jornada de varios años que me ha llevado la composición de la trilogía.

Sin embargo, si quisiera ponerme interesante o estupendo, diría que estas novelas en realidad surgieron hace aproximadamente cuarenta y cuatro años. Y ustedes podrían decir entonces, ¡qué maravilla, la grandeza de la literatura! Algo mágico sin duda.

Cuarenta y cuatro años pensando en unas novelas no es ninguna tontería. La génesis de esta trilogía (ahora hablaré de ella un poco con mayor  profundidad) se sitúa cuando yo tenía once o doce años. Por entonces, pocos libros había leído en mi vida, sí muchos cómics que le alquilaba al precio de dos reales al zapatero de mi calle. Era lo que leíamos los niños de entonces: Capitán Trueno, Comandos Guerreros, Roberto Alcázar y Pedrín, Hazañas Bélicas, El Guerrero del Antifaz, El Coyote, Lucky Luke, Phantom…

Los libros llegaron después. Uno de los primeros fue El Quijote. Debía de andar por esa edad de los once o doce años y al profesor le pareció que era bueno que con once años leyéramos El Quijote. Y es que algunos profesores saben muy bien lo que deben hacer para que los niños no vuelvan a leer nunca más en su vida. Por ejemplo, hacerles que lean El Quijote a los once años en la edición de Espasa-Calpe, Colección Austral, en la que se perdía la vida y la vista.

Claro que he conocido a padres actuales que le han puesto a leer a sus hijos El Quijote mucho antes. Un día me lo confesaba una amiga de mi hija con ocho años: “A mi padre le gusta que lea El Quijote y oiga a Schumann”. “¿Y a ti te gusta?” –le pregunté. La niña se quedó expatriada al oír la pregunta y me miró con el rostro desconsolado e impotente: “Es que no me entero”.

Con once años, una tarde de lluvia de un mes de noviembre, yo iba muy contento porque por primera vez iba a comprar un libro de lectura, El Quijote, en la librería Estudios de la calle Mesones de Granada. Después, y durante ese día, sucedieron cosas terribles (algunas inventadas y otras reales) que he dejado escritas en un cuento publicado en mi libro de relatos Tesis de mi abuela y otros relatos del Sur, que les invito a leer, y que me podrían haber costado muy caro.

 

Este fue mi primer encuentro con El Quijote. Después habría otros muchos. Pero uno que guardo en mi mente con especial ternura, y es la génesis inmediata de la trilogía Imperio del Sol, fue las clases sobre la obra de Cervantes que impartí en la universidad de Málaga con motivo de la asignatura “Grandes obras maestras”, una asignatura que gracias a una decisión colectiva de infausto recuerdo de un grupo de colegas fue suprimida. Probablemente haya sido la asignatura que más fruto me ha dado en mi vida universitaria: en ella hablaba de los cuentos de Borges (y gracias a ello publiqué el ensayo Jorge Luis Borges, la infamia como sinfonía estética) y de Cervantes y El Quijote (sobre el que aparecieron un buen número de artículos, algunos publicados en la página de Cervantes Virtual y otros que se publicarán); pero, además, y, sobre todo, tuvo su génesis esta trilogía Imperio del sol, que me inspiró directamente el escritor manchego.

Porque Cervantes es el protagonista de la primera entrega entrega de esta trilogía, Cautivo. Una vez que acuchilla a Antonio Sigura debe escoger entre la amputación de su miembro o la huida. Y escoge huir acaso en el séquito del cardenal Acquaviva a Italia que estaba en esos momentos en España para los funerales de la reina. Las idas de Cervantes fuera de España, la reclusión en Argel, los amores diversos que me permitieron hacerlo centro de esa primera obra. Amores de Cervantes, por cierto, que dieron mucho ruido: unos con mujeres -con una de ellas al parecer tuvo un hijo en Italia-; y otros con hombres: hay una tesis defendida por Fernando Arrabal al respecto en su obra Un esclavo llamado Cervantes, donde parte de un singular documento, fechado en 1569 y descubierto en 1820 según el cual Miguel de Cervantes fue acusado de homosexualidad cuando tenía 21 años y condenado por el rey de España a la amputación de su mano derecha y a un destierro de diez años. A finales del siglo pasado y hasta comienzos de éste, los prejuicios impedían muy a menudo contemplar la figura de Cervantes como la de un hombre ejemplar y heroico. Había que borrar su ascendencia y querencia, pero en el siglo XX los mayores cervantistas reconocen su origen judío y su homosexualidad. Gracias a este libro Arrabal recibió el Premio de la Sociedad de las Letras Francesas. Pues bien, gran parte de esa historia está recogida en mi novela Cautivo.

Después llegó su encierro en la cárcel de Sevilla a finales del XVI, cuando coincide con Mateo Alemán y comienza a escribir El Quijote. Este episodio será el comienzo de mi segunda entrega, Puerta Carmona, una novela que desarrolla en la ciudad sevillana las intrigas palaciegas en un ámbito mitad picaresco, mitad novela de aventuras, que seguro entretendrá mucho al lector cuando se publique.

Y, por último, Bajo el signo de los dioses, en la que de nuevo aparecerá Cervantes como personaje y al que s rinde un enorme tributo y cariño reiterado durante el periodo que vive en Valladolid con su familia y publica la primera parte de El Quijote en 1505. Cervantes de nuevo protagonista de mi obra y, en este caso, narrador querido tomando la palabra para escribir varios capítulos de mi novela y anunciando su propia muerte: “¡Qué pronto ha llegado la primavera este año! ¿Volveré a contemplara alguna vez más?” (p. 164-165). Pero no solo Cervantes sino algunos personajes de sus obras aparecen en Bajo el signo de los dioses formando parte de este entramado en el que ficción y realidad se dan la mano de continuo.

¿Por qué este afecto por Cervantes?

Creo que la clave de esta querencia está en ese día de hace más de cuarenta años en que fui a la calle Mesones de Granada y tuve que hacer cola durante un buen rato para comprar la obra del inmortal del escritor castellano. Los afectos nacen de pronto y existe una fidelidad a ellos que dura toda la vida. Imperio del sol es la historia de un apego, de una devoción, de una pasión.

 

Bajo el signo de los dioses, la tercera cronológicamente, ha sido la primera en publicarse.

Y, ¿por qué este título? En el siglo XVI, para un ciudadano normal y corriente dominado por una monarquía absoluta y una iglesia todopoderosa con la institución de la Inquisición como pieza tridentina, los clérigos, los nobles y el rey eran dioses, dioses con los pies de barro, pero dioses al fin y al cabo. De estos dioses con los pies de barro quise hablar y, sobre todo, de algunos que, con el correr de los tiempos, cobran hoy día una relevante actualidad por esta tendencia de la sociedad española a convertir la política en algo degradante y a sus protagonistas en personajes históricos indignos.

Decía Borges en la “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz” que “las palabras son símbolos que postulan una memoria compartida y cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. Aunque Bajo el signo de los dioses es la historia de una época, una instantánea de época, yo diría que recoge cinematográficamente una periodo de la historia de España, es también y sobre todo la historia de ese hombre que sabe para siempre y definitivamente quién es.

Me estoy refiriendo a Rodrigo Calderón. Un personaje histórico sobre el que se ha escrito mucho pero no suficientemente porque su vida y su obra tienen un simbolismo trascendente en la sociedad actual que pretendemos rehabilitar con esta novela.

Rodrigo Calderón es un símbolo de esa memoria compartida y su destino un fragmento culminante de la historia de España. A caballo entre dos siglos, su vida se convierte en Bajo el signo de los dioses en una pieza relevante de nuestra existencia. Y no ya por esa simbología a pasado infame que despide sino por su persistencia en el tiempo.

El 21 de octubre de 2021 se cumplirán cuatrocientos años de su ajusticiamiento. En estos cuatrocientos años, como decía recientemente en una entrevista, no hemos aprendido absolutamente nada sobre la defensa de lo público y la ausencia de putrefacción, corrupción y podredumbre social. Aquí está entre nosotros vivo y coleando este personaje que, como diría Groucho Marx, partiendo de la nada logró conquistar las más altas cotas de miseria, como todos esos personajes que hoy entran y salen de la cárcel al ritmo de serenata triste.

Rodrigo Calderón nació en Amberes en 1576, hijo de un capitán de los tercios de Flandes y regidor perpetuo de Valladolid, Francisco Calderón. Muy joven fue criado y después secretario, con apenas veintidós años, del todopoderoso duque de Lerma, el valido del rey Felipe III, que acabó convirtiéndose en el hombre más poderoso de España en los primeros veinte años de siglo hasta que apareciera con su retórica de alzacuellos, nigromancia y poder omnímodo el conde-duque de Olivares, baluarte del siguiente rey, Felipe IV.

Es ese periodo el que aborda mi novela que comienza in media res a partir del momento en que Rodrigo Calderón es detenido y se encuentra encarcelado en su casa de Madrid. A partir de este momento en la novela surge un flash-back y regresa al pasado para ir conformando la singladura de ese periodo desde los primeros años de existencia en Amberes, más tarde en Valladolid y finalmente en Madrid como secretario de su majestad el rey Felipe III. Y la novela va desde los juegos de la picaresca de la calle a la picaresca y podredumbre del trono y todo lo que lo rodea.

Desde la nada, como un Lazarillo de Tormes cualquiera, como un Guzmán de Alfarache cualquiera, o como un Marcos de Obregón cualquiera… acaba convertido en uno de los hombres más poderosos, más queridos y más odiados del reino junto al duque de Lerma, a Pedro Franqueza, a Ramírez de Prado… Y es que Rodrigo Calderón también, por su especial inclinación al arte, la pintura y la literatura fue prócer patrono  de escritores y poetas que pusieron bajo su amparo sus obras literarias: por ejemplo, Francisco López de Úbeda, el autor de La pícara Justina hasta hace poco; el poeta Francisco López de Zárate, Gutierre Marqués de Carceaga… y, sobre todo, el ínclito Luis de Góngora, uno de sus máximos defensores desde el momento en que gracias a él Góngora es nombrado capellán real.

Como bien decía recientemente el poeta, narrador y crítico granadino Fernando de Villena, el libro está enfocado desde una perspectiva manierista de partes en apariencia independientes, pero interrelacionadas. Arranca con la tercera persona narrativa y la retoma al final, pero durante casi todo el texto cede la voz en primera persona a diversos personajes históricos como el propio don Rodrigo o como Miguel de Cervantes y a otros personajes inventados que van ofreciendo su visión de cuanto sucede. Así nos encontramos como narrador a un inventado Lepoldo del Prado (de resonancias malacitanas), la emperatriz María (hermana de Felipe II), la reina Margarita, Cervantes, el conde de Villamediana, Francisco Juara (al que se acusaba de envenenar a la reina), el duque de Lerma, el propio Calderón, Cervantes o el duque de Uceda. Un conjunto de personajes que ofrecen su propio punto de vista y pretenden crear una riqueza de voces, de situaciones y de pluralidades narrativas.

No faltan algunas ráfagas de humor ni la inclusión de poemas de la época ni tampoco algunos guiños al lector atento pues presento, por ejemplo, en la trama a escritores amigos míos como es el caso del poeta Ricardo Bellveser, a quien lo hago figurar en la Academia de los Nocturnos como uno más de los ingenios valencianos del Siglo de Oro. Y no sólo convierto a Cervantes en personaje importante de la narración, como vengo diciendo, sino que también tomo prestados algunos personajes de sus obras y los traigo a su novela, como es el caso del alférez Campuzano de “El casamiento engañoso”.

Volviendo para finalizar a mi maestro Borges, que también amaba a Cervantes con endiablado afecto, decía en una frase que revela al protagonista y a una época: “Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”. Así fue Rodrigo Calderón y así son los personajes que, como él, vivieron y siguen viviendo en este país de sombras.

Muchas gracias.

 

ALGUNAS RESEÑAS SOBRE ESTA OBRA

García Marín, José Manuel: Bajo el signo de los dioses, Wadias, del 31 de mayo al 6 de junio de 2014, p. 23.

Sorel, A.: Bajo el signo de los dioses, República de las Letras, núm. 132, marzo 2014, p. 72.

Garrido, Antonio: Más orgullo que don Rodrigo en la horca (sobre Bajo el signo de los dioses), en Diario Sur, 1 de febrero de 2014, p. 42.

Villena, Fernando de: Bajo el signo de los dioses de F. Morales Lomas, en Diario Ideal de Granada, 23 de diciembre de 2013, p. 30.

García Velasco, Antonio: Radiografía de Bajo el signo de los dioses, Papel Literario, 1 de noviembre de 2013.

Huelva, Francisco: Bajo el signo de los dioses de F. Morales Lomas.

Moreno Ayora, Antonio: Consagración de un narrador (sobre Bajo el signo de los dioses de F. Morales Lomas), Cuadernos del Sur de Diario Córdoba, 14 de diciembre de 2013.

Vélez Nieto, Francisco: Bajo el signo de los dioses y el filo del cuchillo la corrupción que no cesa, Mundiario, 5 de diciembre de 2013.

Santano, José Antonio: Bajo el signo de los dioses, Diario de Almería, domingo 1 de diciembre de 2013, p. 53.

Vélez Nieto, Francisco: Bajo el signo de los  dioses, Diario Luz de Levante, 27 de noviembre de 2013.

Zotano, Jesús: Entrevista a Francisco Morales Lomas, La Opinión de Málaga, 14 de noviembre de 2013.

García Pérez, José: Bajo el signo de los dioses, Papel Literario, 12 de noviembre de 2013.

Pérez, Encarni: Una historia de ayer con semejanzas en el hoy (Bajo el signo de los dioses de F. Morales Lomas), en Wadi-As, 23 de noviembre al 29 de noviembre, p. 21.

Sanz, Primi: Entrevista a Francisco Morales Lomas, Canal Sur Radio y Radio Andalucía Información, (emitida el 12 de octubre de 2013 a las 16:00 h.)

Espejo Requena, Luis: Corrupción y narrativa (Bajo el signo de los dioses de F. Morales Lomas), en Wadi-As, 26 de octubre a 1 de noviembre de 2013, p. 17.

Pérez Bryant, Ana: Morales Lomas: La corrupción es endémica en España, no aprendemos (sobre Bajo el signo de los dioses), Diario Sur de Málaga, 15 de octubre de 2013, p. 40.

García Velasco, Antonio: Radiografía de Bajo el signo de los dioses de Francisco Morales Lomas, Papel Literario, 1 de noviembre de 2013. 

Pérez, Encarni: Bajo el signo de los dioses, novela nacida con buena estrella (Entrevista), Wadi-As. Semanario de la Comarca de Guadix, núm. 594, del 24 al 30 de agosto de 2013, pp. 30-31.

Tapia, Juan Luis: Recorro las entrañas del poder (sobre Bajo el signo de los dioses de F. Morales Lomas), Diario Ideal de Granada, miércoles 18 de septiembre de 2013, p. 60.