EL EXTRAÑO VUELO DE ANA RECUERDA

Ed. Alhulia, Granada, 2007.

LAS PINTURAS NEGRAS DE GOYA Y EL EXTRAÑO VUELO DE ANA RECUERDA DE F. MORALES LOMAS. Juan Jiménez Padial

F. Morales Lomas, actual presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios que concede anualmente los Premios Andalucía de la Crítica, es un escritor versátil. Ha desarrollado su campo creativo tanto en la lírica como la narrativa, el teatro y el ensayo, aunque es verdad que de forma desigual porque su producción dramática, por ejemplo, apenas si es conocida

El relato, la narración, de hecho fueron en su origen uno con la poesía (después llegaría el teatro) y desde que era un adolescente escribió relatos y prosas, según me ha comentado. Algunos libros de aquella etapa juvenil por ahora siguen estando inéditos: La mala pipa, Los parques del cielo o Los breviarios de Wítember.

Sin embargo, la mayoría se han publicado: dos libros de relatos El sudario de las estrellas y Juegos de goma; y otros como El regreso (publicado en Historias republicanas), Un intruso en el cielo (en Andalucía, naturaleza y arte), Subida al cielo (en Árbol de bendición) o El laberinto de la esperanza y Tesis de mi abuela (que se publicarán en breve), etc. También se han publicado las novelas: Candiota y La larga marcha.

El extraño vuelo de Ana Recuerda cierra una trilogía sobre la Transición, y en ella hay que incluir también Candiota (Ed. Sarriá) y La larga marcha (Ed. Arguval). En ellas se suceden los años que preceden a la muerte del dictador hasta la llegada de la democracia y las elecciones democráticas después de cuarenta años. Se produce en su desarrollo una gestación de individuos, una formación de individuos que todavía no están plenamente acabados, construidos, que están como en un proceso de creación, como en procedimiento de formación como seres humanos. En algunos casos, como el protagonista de Candiota, son seres ajenos a la sociedad, ésta no les interesa como tal cuando no están decididamente a luchar contra ella. En otros, como en La larga marcha, son sencillamente individuos perseguidos por las leyes, individuos que huyen y en los que se invierte la carga de la prueba. Son ellos, los acosados injustamente, los que tienen que demostrar que no son culpables y tienen la responsabilidad de la carga de la prueba. En El extraño vuelo de Ana Recuerda son individuos que todavía alegóricamente reproducen la imagen del cuadro de Goya “Duelo a garrotazos”, que pertenece a la segunda etapa de su producción: las pinturas negras. El espectador, en el cuadro, puede ver a dos hombres que luchan con garrotes de madera, pero no pueden mover las piernas por estar hundidos hasta las rodillas en arenas movedizas. No se puede evitar esta pelea, que va a terminar con la muerte de uno de los dos. Uno de esos dos muertos inicia la novela El extraño vuelo de Ana Recuerda, en la que sus personajes están también enquistados en dos bandos que no pueden mover sus posiciones, bandos que no representan en ocasiones ningunas ideas sino posiciones antitéticas y, a resultas, trágicas.

Las arenas del país fueron y han sido inestables. Sin embargo, la proyección estética de esta novela lo que presenta es una traslación del mundo trágico de origen griego a una sociedad encerrada en la montaña, en su propia geografía, una sociedad que te anima a entrar por su belleza exterior pero de la que no puedes salir una vez que has entrado, como le sucede a la protagonista de la novela, Ana Recuerda, que se aleja a Cártugos para olvidar, precisamente ella, que lleva en su apellido la memoria. Sospechamos que la novela, desde este ámbito, adquiere en consecuencia un gran protagonismo, a pesar de estar inserta en ese ámbito de la Transición al que me refiero, un ámbito de la sociedad española casi a medio crear, como los personajes de El extraño vuelo de Ana Recuerda, a los que podríamos considerar precoces sociales, aprendices de demócratas, en buscar de ser alguien.

En aquellos años todos aprendían algo (se ve que todavía estamos en ello) y los personajes de El extraño vuelo de Ana Recuerda estaban en proceso de gestación, de construcción, como esa metáfora, esa alegoría del escultor que ve cómo progresivamente su escultura va saliendo de la piedra, y, sin embargo, todavía forma parte de la misma, todavía forma parte de su pasado, de sus rémoras, de sus atavismos, de su código genético de hombres de Cromagnon. Los personajes de El extraño vuelo de Ana Recuerdan están atados a su pasado, a sus demonios familiares y sociales, a sus atavismos, y no pueden crecer, no pueden salir de la piedra, no pueden ser personajes en busca de un autor, son medio-personas.

En un artículo publicado en El País el día 27 de octubre de 1981 por el escritor José Antonio Gabriel y Galán titulaba “La inenarrable adolescencia española” y decía, entre otras cosas, que “su adolescencia perdura a través de los tiempos: siempre trata de encontrarse a sí misma y en ese vano intento se pierde cada vez más. Suele poner en marcha una esperanza cotidiana en la que confía más que en cualquier providencia infalible. Una esperanza que funciona sola y que le mantiene satisfecha. Después de cuarenta años se murió el padre, en muerte largamente anunciada y deseada. Parecía evidente que tal golpetazo haría reaccionar a la sociedad española instándola a una madurez aún posible y fecunda. Y no. Siguió aferrada a la adolescencia, es decir, al reino de la provisionalidad. Hay quien piensa que arrastra el trauma de no haber sido capaz de matar al padre… Quiere dotarse de un nuevo padre, por propia voluntada… y anda haciéndole carantoñas al Rey, musitando salmodias al Rey, para que se convierta en padre…” Ya ni eso.

Con El extraño vuelo de Ana Recuerda, a través de sus casi cuatrocientas páginas, desentraña también la alegoría de este país a través de una serie de personajes en los que se concentrará coralmente esa búsqueda, esas ansias de libertad, de seguridad, de esperanza, de felicidad, esa necesidad de desprenderse de los genes que los ataban al pasado, que los mantenían sujetos a los dos garrotes y con las piernas clavadas en el fango de las propias miserias de individuos y de país.

Y para construir esa parábola de esa transición se sitúa en un lugar mítico, en un territorio literario creado ex profeso: Cártugos. No es nada nuevo, Vetusta para Clarín, Oleza para Miró, Macondo para García Márquez; Región para Juan Benet; Celama, para Luis Mateo Díez; Mágina para Muñoz Molina… Algunos críticos han querido identificar este territorio literario con Pórtugos en La Alpujarra granadina, pero no es así. Es un lugar de La Alpujarra granadina, pero un lugar aislado, como lo fue España durante tantos años, sumida en la autarquía económica pero también en la de los sentimientos, las emociones y la reflexión vital.

En El extraño vuelo de Ana Recuerda, en cierto modo, está profundizando en los fantasmas del cainismo español tradicional y en la necesidad de una permanente búsqueda de la esperanza y la felicidad, no sólo personal sino social. Sus personajes parecen extraídos de un sueño, formando un enjambre, una colmena de seres enfrentados, de historias tenebrosas y llenas de imposturas en el que cada uno juega quizá el papel que no le corresponde. Una novela que profundiza en la condición del ser humano y se deja conducir por la realidad y la sugestión imaginaria de sus demonios interiores.

El escritor y crítico Fernando de Villena ha dicho que El extraño vuelo de Ana Recuerda es un «hito de la narrativa actual andaluza.» Salvador Compán la ha saludado como una buena novela y Juan Campos Reina como una novela que remoza el mito insertado en las tragedias griegas.

EL EXTRAÑO VUELO DE ANA RECUERDA, DE MORALES LOMAS.
Por María del Mar González Martín

EL EXTRAÑO VUELO de Ana Recuerda, la última novela publicada de Francisco Morales Lomas, cierra la trilogía sobre la Transición política española, que incluye Candiota y La larga marcha, con una magistral reflexión sobre la búsqueda de la esperanza y los propósitos truncados. Morales Lomas, actual presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, institución que concede anualmente los ‘Premios Andalucía de la Crítica’, afirma a este respecto que “Intento transmitir que el ser humano no se debe considerar vencido mientras haya un camino por el que seguir”, […] “Trato de mostrar lo difícil que es hacer borrón y cuenta nueva”.

Francisco Morales Lomas, poeta, narrador, dramaturgo, ensayista y crítico literario perteneciente a la Generación de la Transición, un escritor versátil, nos deleita ahora con esta novela, en un momento en el que nuestra sociedad parece haber olvidado la separación de las dos Españas, que, al contrario de lo que muchos intentan hacernos creer, aún no ha superado. Vivimos, en efecto, en una sociedad dividida entre la izquierda y la derecha, la España de Zapatero y la de Rajoy. No hay medias tintas, sino sólo extremos, al igual que ocurría en los tiempos a los que, sutilmente, Morales Lomas nos transporta con El extraño vuelo de Ana Recuerda.  En referencia a su obra, el autor aclara  que “Lo que subyace es el enfrentamiento casi sistemático entre las dos Españas, que aún pervive”, y añade “Hay un intento de recuperación de ese antagonismo histórico con la lucha entre Rajoy y Zapatero”.

El Extraño vuelo de Ana Recuerda, de la que el escritor y crítico Fernando de Villena ha apuntado que es un “hito de la narrativa actual andaluza”, se hace un hueco dentro del panorama literario actual, que se encuentra inmerso en una vorágine comercial, en la que, en ocasiones, sólo se busca, como único objetivo, la venta masiva de libros. Esta nueva corriente literaria tan comercial se debe al intento de las editoriales de captar nuevos lectores.

Como contrapunto, la novela de Morales Lomas no necesita ir acompañada de esa parafernalia que suponen los lanzamientos comerciales. Es una obra exquisita, cuidada y digna de lectura. En ella, el autor nos transporta a otro tiempo, que se presenta como paralelo al nuestro, en una obra cargada de realismo y de personajes en los que, fácilmente, encontramos similitudes con nuestras propias vidas o con nuestra sociedad actual. Nos encontramos ante, según apunta Espejo Requena, “Una novela de resonancias clásicas, muy diferente a los productos que hoy día se publican”. El objetivo de esta novela es, en palabras del autor, “entretener y no dormir al lector”. Este objetivo que comenta el autor está más que conseguido en esta novela, que atrapa al lector desde su inquietante comienzo hasta su incierto final, pasando por las apasionantes historias que les suceden a los personajes a lo largo de la novela.

Mediante la huida desesperada de Ana Recuerda junto a su hija Alba, el autor nos conduce a Cártugos, un espacio que Morales Lomas ha creado conscientemente, para transportar al lector a la “España profunda”. Cártugos se convierte en un lugar con una especial atracción, donde quien llega siente la necesidad de quedarse. Este lugar parece tener una especie de imán para aquellos que huyen de su propia vida, para los que pretenden volver a empezar, para aquellos que ven truncados sus deseos y necesitan hacer borrón y cuenta nueva en sus vidas, para los que necesitan olvidar, ellos encuentran en Cártugos y en su Fuente del Olvido, de la que ya hablaremos con mayor profundidad, un atisbo de esperanza. De hecho, Cártugos es un canto a la esperanza en sí mismo, una vía de escape para desaparecer del mundo por un tiempo, o para siempre, un lugar para olvidar, aunque, en ocasiones, este olvido nunca llegue.

  • Realismo imaginario
  • Un entramado de personajes
  • Una incursión en la condición humana
  • Un narrador omnisciente
  • Un relato heterodiegético
  • Un relato no focalizado
  • Una narración de restrospectivas
  • La prospección en la novela
  • La anisocronía en la novela
  • Descripciones
  • Un entramado de historias
  • La fuente, un símbolo mitológico: el olvido, la muerte
  • Barrancos, un diablillo cojuelo
  • El espacio: Cártugos
  • Consideración final

La novela comienza con el fatídico accidente en el que fallece ‘El Mellao’, pero, en contra de lo que puede parecer al lector al comienzo de la lectura, esto no será más que un hecho común en la vida de los cartuguenses, que están demasiado acostumbrados a la sangre y a la muerte. Paralelamente a este suceso, Ana Recuerda viaja a Cártugos huyendo de un marido violento e infiel. Allí conocerá a Pepe García, un joven apuesto y viril que busca en Ana Recuerda lo que su prometida, Lucía Cienfuegos, no puede darle por su educación tradicional: sexo, relaciones sexuales completas y continuadas, para ser más exactos. Como todas las historias relatadas en esta novela, este triángulo amoroso acaba de forma fatídica, con el suicidio de Lucía Cienfuegos al enterarse de su embarazo y al conocer la noticia del idilio de ‘su’ Pepe con otra mujer;  y con la huida de Pepe García, que provoca el enfriamiento de la relación entre la protagonista y el amigo del ‘Mellao’.

El escritor utiliza un sinfín de personajes que parecen sacados de la vida real, realismo que adquieren gracias a la magistral descripción que de ellos se hace en la novela, a sus vidas llenas de recuerdos, deseos, sentimientos, esperanza, inquietudes... Estos personajes se encuentran unos con otros en el transcurrir de sus vidas, todos ellos tienen vidas paralelas y caminos cruzados. En El extraño vuelo de Ana Recuerda, Morales Lomas se acerca a un realismo imaginario en una novela en la que, en palabras del autor, “van surgiendo vidas paralelas que se mezclan en mundos imaginarios”.

El entramado de personajes que componen esta novela coral es muy extenso, tanto, que llega un punto en que el lector puede llegar a sentirse confuso. A esta confusión ayudan los repentinos y continuos cambios de historia, cada punto y aparte se convierte en una historia nueva o continuada.

La novela se compone de cuatro capítulos y un epílogo en el que se resuelve el final de la misma, y cada uno de estos capítulos da comienzo a una historia diferente, algo que desconcierta al lector. Esta forma de configurar la novela provoca en el lector un sentimiento de desasosiego, de intriga, de confusión... pero también un sentimiento de esperanza hacia el futuro incierto de los personajes, e incluso ante el pasado de los mismos, con los que es fácil empatizar.

En El extraño vuelo de Ana Recuerda, Morales Lomas indaga en la condición humana. Como él mismo aclara, “Trato de explicar lo que hacemos con nuestra existencia, la búsqueda de afectos ante una especie de mal destino que nos impide conseguir unos propósitos y todo se trunca”. Ana Recuerda y Pepe García, Gerardo Moore ‘el Seco’ y María Andorra, entre cuyos romances hay un absoluto paralelismo, son claros ejemplos de lo que el autor nos explica en esta aclaración. Por un momento sus cuerpos están llenos de pasión, se alimentan de esa pasión, necesitan de esa afectividad tan deseada, pero el destino se encarga de apagar ese fuego y de eliminar cualquier rescoldo que pudiera haber quedado.

  

“La felicidad era una sensación física, pero también química, que duraba tan poco como una estrella fugaz que pasara ante nuestros ojos. No había felicidad absoluta, pensó Ana Recuerda, sino breves espacios instantáneos, rápidos espacios en la fugacidad de la vida, pensó, extrañada, que quizá la felicidad era un relámpago en la tormenta de la vida, una definición que quizá había leído en algún poemario” [pág. 38],

  

piensa Ana Recuerda al llegar a Cártugos, cuando por fin siente un halo de felicidad recorriéndole el alma, pero, cauta y realista, alude también a la fugacidad de ese sentimiento embriagador. Al final de la novela, en el epílogo, vuelve a repetirse una reflexión sobre el breve espacio de tiempo que dura la felicidad plena y la pasión de la carne:

  

“Todo era una inmensa fosa común a la que había que sobrevivir. Y el secreto estaba en encontrar una pequeña brizna de luz que encendiera de nuevo las carnes anodinas. La felicidad iba y venía como las lluvias de la primavera, y a una derrota seguía un periodo de exaltación y de amor encumbrado, como siguiendo los ciclos lunares, siempre llenos de presagios" [pág. 374];

  

ante estas reflexiones considero interesante recordar aquella frase de Machado que Serrat nos cantaba “Todo pasa y todo queda, / pero lo nuestro es pasar...”, que explica en tan pocas palabras algo que Morales Lomas trata de hacernos ver en su última novela, la levedad del ser, el tiempo perdido que puede ser recuperado y perderse de nuevo en un instante, la fugacidad de la felicidad, pero también de la tristeza, la fugacidad de todos y cada uno de los momentos que conforman nuestras vidas por intensas y apasionadas que puedan llegar a ser estas. En definitiva, lo nuestro no es más que pasar, “pasar haciendo caminos, / caminos sobre la mar”.

Los personajes parecen haber sido sacados de la realidad, con sentimientos, pensamientos y reflexiones, a los que el autor nos acerca en un relato claramente heterodiegético, mediante un narrador omnisciente que opta por “hablar de otros”, aunque introduciendo pequeñas y escasas reflexiones propias sutilmente integradas en las descripciones exhaustivas de lugares, situaciones y personajes.

Testimonio claro de la omnisciencia del narrador de la novela es su ubicuidad, la facilidad que posee para cambiar de espacio o tiempo, su conocimiento de los pensamientos, sentimientos y vivencias de los personajes de la novela. El narrador nos acerca a estos personajes mediante extensas descripciones de los mismos, descripciones que llegan a adentrarse no sólo en los sentimientos o pensamientos de los mismos, sino que se introduce en las más profundas sensaciones y reflexiones de los personajes, que el narrador utiliza para comentar la realidad de Cártugos y para reflexionar, de forma muy profunda, en la existencia del ser humano, en la sociedad actual, en la política... e incluso para hacer vibrar al lector con explícitas escenas de sexo apasionado.

Estas descripciones suponen la recreación de los hechos con palabras, las palabras tienen que ser dichas por alguien, y ese alguien es el narrador, que nos describe tanto situaciones como personajes con sus propias palabras, como él quiere que nosotros, los lectores, lo entendamos. En este hecho vemos cómo el pacto narrativo que se “firma” entre lector y escritor se hace fehaciente.

Las descripciones explícitas nos permiten afirmar, con mayor seguridad, que nos encontramos ante un relato heterodiegético. Entre las extensas descripciones que encontramos en esta novela, considero imprescindible destacar la que recibe el personaje Antonio Gualchos, por ser un claro ejemplo de la omnisciencia del narrador. En esta descripción se percibe un cierto tono de asco y desprecio por parte del narrador hacia este tipo de personas, que llega a utilizar la letra cursiva para dar más ímpetu al desprecio que siente ante la saga de los Gualchos y su

  

“falta de imaginación y el conservadurismo antroponímico y la lógica propia de esta familia” [pág. 98],

  

y continua el narrador,

  

“se trataba, pues, de una lógica aplastante: la lógica de los imbéciles” [pág. 98],

  

“su filosofía de la vida nacía de una frase que había oído alguien tan vulgar como él: “Todos los hombres se odian naturalmente entre sí” [pág. 99].

  

Siguiendo con la descripción de los Gualchos,

  

“Hubo alguno que, en el colmo de la ridiculización y el esperpento llegó a prorrumpir unas palabras que hicieron historia: “¿nosotros somos de los nuestros?”” [pág. 100].

  

En estas líneas queda implícito el odio del narrador hacia tan vulgar personaje, hacia su simpleza y su imbecilidad. También queda patente la alusión al sinsentido de la política cuando no se tienen ideales profundos, sino únicamente un deseo creciente e inevitable de poder. Esta búsqueda incansable de poder queda patente en la batalla campal que tiene lugar casi al final del libro, en la que Antonio Gualchos se decide a alcanzar el poder cueste lo que cueste, en una

  

“mera lucha de poder donde las ideas poco importaban” [pág. 325].

  

En este suceso se observa cómo los cartuguenses sienten un enorme miedo ante la guerra y la postguerra, y temen el regreso de este infierno que, a duras penas, habían logrado superar.

El narrador hace una crítica, en pocas palabras, con respecto a esta lucha de poder donde las ideas solamente se presentan como un disfraz de esa ansia insaciable de poder,

  

“En nombre de éstas se habían cometido horrorosos crímenes nunca aclarados y también en nombres de éstas los niños habían mamado resentimiento en los senos de sus madres” [pág. 325].

  

Las páginas dedicadas a este enfrentamiento se nos muestran como una crítica a esa guerra civil que nunca debió ser, a esa época oscura de la historia de España, a ese enfrentamiento continuado que nunca parece acabar, a esa división entre las personas por unos ideales que nunca fueron, y que, en la mayoría de los casos, no significan nada, más que palabrería barata, excusas para alcanzar el poder.

Una novela, al fin y al cabo, es ficción, y, siguiendo la idea de Henry James, es oportuno afirmar que “la ficción es una casa con millones de ventanas” y, aunque éstas “no son puertas que se abran a la vida”, son la “forma literaria” que nos permiten una amplia visión, desde múltiples puntos de vista, sobre la escena humana, sobre la realidad.

En El extraño vuelo de Ana Recuerda se nos muestra el mundo desde múltiples perspectivas, tantas como personajes aparecen en la novela. A pesar de estas múltiples perspectivas, a través de las que la historia se convierte en discurso, podemos advertir que nos encontramos ante un relato no focalizado o de focalización cero, debido a que “el poder del narrador es tal que se sitúa por encima de la mente de sus personajes” (Carolina Molina Fernández).

En este relato, el autor, aúna ambas focalizaciones, interna y externa, para acercar al lector a las diferentes situaciones que acontecen en Cártugos. El lector se acerca a los acontecimientos mediante las perspectivas cognoscitivas y perceptivas de los múltiples personajes que componen esta obra coral (aquí podemos ver una focalización interna), pero el narrador, no sólo se dedica a mostrarnos estas perspectivas, sino que va más allá, describiendo detalladamente los escenarios, las situaciones y acontecimientos que transcurren en la novela (focalización externa), permitiendo así que el lector forme parte de la novela, que se acerque más a ese universo creado por Morales Lomas y se adentre en él. La falta de focalización en la novela nos indica el poder del narrador omnisciente, un narrador que es capaz de acercar al lector a la mente de los personajes, a sus puntos de vista, pero también nos da su propia visión e intenta poner al lector en la situación, procurándole un lugar privilegiado en la escena. Las descripciones se detienen tanto en rasgos psicológicos como externos, y, gracias a ello, el lector es conocedor de los pensamientos y reflexiones de los personajes, así como de las situaciones vistas desde una perspectiva externa, perspectiva que permite la materialización de escenarios y escenas.

“Si hay un aspecto que refleja con nitidez las maniobras que tornan una historia en discurso, es precisamente el tiempo. Ajenos a la inexorable cronología de la realidad, los escritores inventan, instauran y modelan a su arbitrio el cronos de la ficción” (Carolina Molina Fernández). Para observar la forma en que Morales Lomas maneja el tiempo en El extraño vuelo de Ana Recuerda, debemos atender a los tres conceptos a los que, el tiempo, está sujeto en el discurso: orden, frecuencia y duración. Aparentemente nos encontramos ante un relato que sigue un orden lineal en el tiempo, pero si nos adentramos en el corazón de la obra, podemos observar cómo el narrador vuelve atrás en el tiempo para contarnos episodios del pasado, adentrándose en la memoria de los personajes y mostrándonos sus recuerdos o, simplemente, desvelando algún suceso ocurrido en el pasado, necesario para poner en situación al lector; nos encontramos, pues, ante lo que se llama analepsis o retrospección.

Tal como hemos dicho, se trata de una anacronía hacia el pasado del relato de acontecimientos anteriores al momento presente de la acción. Encontramos claros y abundantes ejemplos de retrospección en la novela, pero, para no extendernos en el comentario, citaremos únicamente los siguientes:

- Alusiones continuas al pasado de Cártugos, en su creación en el Cerro de la Mina “... Pero el cauce ya estaba preparado desde hacía siglos, cuando nació el pueblo en torno al Cerro de la Mina, de modo que no le costó mucho seguir una tradición que ya había sido creada y hacerse depositario de los odios lejanos y recientes...” [pág. 99], hablando de las familias de Gualchos. Estas retrospecciones son utilizadas por el autor para retrotraer al lector al pasado de Cártugos, de forma que éste entienda mejor la realidad del pueblo, su oscuro pasado.

- En las descripciones de los diferentes personajes y situaciones, para situar al lector, el narrador retrocede en el tiempo, como ocurre en la historia entre María Andorra y ‘el Seco’, en múltiples ocasiones el narrador, hace un paréntesis para “contar” al lector la historia surgida entre ambos, tiempo atrás. “En una de aquellas fiestas conoció por primera vez a María Andorra. Entonces debía frisar los diecisiete años, él marcaba arrugas...” [pág. 152]. En este caso, al igual que en el punto anterior, el autor siente la necesidad de que el lector conozca el pasado de los personajes que configuran la historia, para poder entender los hechos que acontecen en el discurso.

- Alusiones a la infancia de Ana Recuerda. El narrador se introduce en la memoria de la protagonista y nos muestra la nostalgia que siente al recordar su infancia: “La felicidad, envuelta en la nostalgia, embargó el cuerpo de Ana que, de pronto, como en un vuelo, regresó a los dulces momentos vividos durante la infancia, cuando realizaba largas caminatas con el padre por la sierra de Guadarrama, o los veraneos por Asturias, cerca de Villaviciosa, en Caravia Baja, y se adentraban por el monte y durante muchas horas se adentraban por el monte y durante muchas horas se perdían como montaraces personajes que no hubieran conocido la civilización” [pág. 185]. Este acercamiento a la infancia de Ana Recuerda permite al lector sentirse más afín a ella, y provoca un sentimiento de nostalgia que da realismo al personaje, sólo los personajes reales tienen pasado y sienten nostalgia por él.

El autor también recurre a la prospección o prolepsis para contarnos el vuelo de Ana Recuerda, es decir,  se adelanta a los acontecimientos. Este hecho es también otra clave más para reafirmarnos en la omnisciencia del narrador del relato. Encontramos diferentes ejemplos de prospección en la novela, entre ellos podemos citar el primer encuentro entre Ana Recuerda y María Gertrudis, en el que el narrador nos da a conocer lo que sucederá en el futuro entre ellas,

  

“Al cabo  del tiempo Ana Recuerda conocería profundamente a aquella desconocida del pañuelo en la cabeza que tan buena impresión le dio el primer día que la vio y le dirigió unas palabras a la pequeña Alba. María Gertrudis sería una de sus grandes confidentes, amiga profunda y observadora sagaz de la realidad de Cártugos y los cartuguenses sobre los que había muchas cosas que desconocía. Se daría cuenta de que vivían bajo el peso de las sombras, en historias personales, que se iban cruzando en un gran laberinto y conformaban la existencia de un pueblo a dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar” [pág. 28].

  

La utilización de la prolepsis es una baza con la que cuenta el autor para provocar un halo de misterio, confusión y esperanza alrededor de las historias que acontecen en su novela.

Al igual que el orden de las historias es alterado en el discurso, en el relato suele alterarse también la duración, esto es, se produce anisocronía, cuando la duración de la historia no coincide con la del discurso.  En El extraño vuelo de Ana Recuerda, como en la mayoría de los relatos, se da anisocronía debido a que el autor debe utilizar el tiempo como un recurso más en las artes de la narratología.

  

“Aquellas escenas se repitieron durante muchas noches más" [pág. 157],

  

frase en la que el autor recurre al sumario para resumir todas las noches de pasión que pasaron juntos "el Seco" y María Andorra, tras contarnos detalladamente su primer encuentro apasionado. Esto es un ejemplo entre otros muchos que aparecen en la novela, aunque no resulta un recurso abundante en este relato. Puede, pues, deberse a la necesidad del lector de esta novela de “estar allí” para entender lo que sucede y entender las actuaciones de los personajes; el autor, conocedor de esta necesidad, crea un narrador capaz de situar al lector en el contexto de la novela, en la mente de los personajes que conforman esta novela, e incluso en sus corazones, para ello debe omitir el menor número posible de situaciones.

En El extraño vuelo de Ana Recuerda son muy abundantes las descripciones detalladas; como ya se ha comentado en varias ocasiones anteriormente, nos encontramos ante un narrador omnisciente que cuenta al lector todos los detalles que considera necesarios para conocer a los personajes y las situaciones que acontecen en la historia. Estas extensas descripciones son pausas críticas o disgresivas en las que el narrador se demora en el discurso, ralentizando, por tanto, el ritmo de la narración. Cada personaje es descrito detalladamente, cada situación es tan sumamente detallada que el lector puede sentirse dentro del escenario en el que está aconteciendo la historia, o en el interior del personaje descrito. El primer encuentro sexual entre Ana Recuerda y Pepe García es una buena muestra de pausa descriptiva, observamos como el narrador se detiene tanto en los hechos que consigue hacer vibrar al lector

  

“Ella se acercó más y más hasta que el firme músculo palpitó en la tela de su pantalón vaquero. Acariciaba el hombre la piel, las orejas, el pelo, recorría con su lengua el contorno de los senos, el ángulo de sombra que hacía el filo del sujetador. Saltó al fin éste y dos llamaradas de fuego blanco y duro brillaron ante los ojos de Pepe García, que se lanzó con frenesí hacia ellas. Los besó, los mordió, los llenó de saliva." [pág. 285].

  

Esta abundancia de pausas descriptivas tiene un claro objetivo, la presencia del lector en la novela, la importancia de las relaciones humanas, de los sentimientos, de los recuerdos... para ello es imprescindible que el lector tome parte protagonista en todo lo que ocurre en el corazón de Cártugos y en el de sus protagonistas.

El Extraño vuelo de Ana Recuerda es un relato singulativo, que nos acerca a un entramado de historias con principio y final, un canto a la esperanza, esperanza que no llega, pero por la que hay que luchar, unas vidas truncadas que se entrecruzan unas con otras, en un entramado de personajes que luchan por sobrevivir. La historia de la protagonista es una más de las que nos cuenta esta magnífica novela, en la que el autor nos acerca a historias tan intensas como la de Eusebio Cántigas que regresa a Cártugos para morir haciendo el amor con María Andorra, antigua amante de Gerardo Moore ‘El Seco’, gran protagonista también de la novela, del que Morales Lomas ha dicho: “Él es el contrapunto de la historia: habla desde fuera, pero a su vez es parte de todos ellos. Él es un ejemplo de que siempre acabas por tomar partido en la sociedad aunque no pertenezcas a ella”.

De necesaria mención en este comentario es el simbolismo de la Fuente del olvido, presente en toda la novela, aunque adquiere un papel principal a partir de la página 223-224, “Algunos decían que había bebido mucha agua de la Fuente del Olvido y había perdido la memoria”, no es casualidad que el autor sitúe en Cártugos, un pueblo creado por él mismo, un lugar donde la mayoría de los personajes acuden para olvidar sus vidas y en busca de esperanza, una Fuente del olvido, al igual que no es mera casualidad que el escritor sea también poeta y fueran los poetas los primeros que, alegóricamente, se refirieran al olvido como hermano de la Muerte, tan presente en Cártugos, y del Sueño.

La Fuente del Olvido es una clara alusión a la mitología griega, donde los muertos debían beber de la fuente del olvido, para perder la memoria del pasado. Esta alusión a la mitología griega destaca entre tantas otras que realiza el autor abiertamente a lo largo de la novela, una novela que, en sí misma, parece evocar a las tragedias griegas. Según Campos Reina, El extraño vuelo de Ana Recuerda, es una novela que remoza el mito insertado en las tragedias griegas. Entre sus casi cuatrocientas páginas encontramos continuas alusiones a la mitología y a las tragedias griegas, algunas de forma indirecta como ésta:

  

“Sintió un intenso dolor en el pecho, el dolor de la desdicha que es como un águila que te va devorando el corazón poco a poco y por la noche recrece lo devorado, y así al día siguiente y al otro y al otro, hasta el último de la eternidad” [pág. 41],

  

que hace referencia al castigo que Zeus impuso a Prometeo; o de una forma más directa como en el siguiente fragmento:

 

“Cártugos quedó desierta, al amparo de Caos y Eolo" [pág. 124].

  

Por un momento, ese olvido parece ser alcanzado en Cártugos, en verano, época en la que el pueblo cambia radicalmente, se llena de gente nueva, gente que se fue un día y sigue sintiendo la necesidad de volver, y lo hacen cargados de nuevos familiares,

  

“el verano era la estación de la vida, la agitación recorría también los sembrados, era demasiada vida para una comunidad tan acostumbrada a la muerte. Por unos meses el olvido adquiría cuerpo, la memoria desaparecía y sólo tenía sentido el festival de las vanidades” [pág. 363],

  

por un momento la vida suplantaba a la muerte, al contrario de lo que solía suceder en Cártugos.

En El Extraño vuelo de Ana Recuerda, sólo observando el nombre de la protagonista ya encontramos un claro simbolismo en su apellido “Recuerda”, parece que llevara grabado en su persona la obligación de recordar su triste pasado eternamente, la imposibilidad de olvidar, ¡Ana RECUERDA!, como si esa necesidad de olvidar estuviera destinada al fracaso absoluto. Solo le queda a Ana la Esperanza presente en la novela hasta el final

  

“Luego llegaría el hombre que llenara el soplo tenue de luz y la devolviera de nuevo a la vida” [pág. 374].

Especial mención merece el gitano Barrancos, personaje gracias al que, sólo con sus cancioncillas, podríamos volver a escribir la historia, es como un ente siempre presente en la novela, sabedor de todas las historias que acontecen en Cártugos e incluso, como el narrador, es capaz de adelantarse a ellas. Quizá el autor haya querido tomar parte en esta historia y estar presente en ella con sus poemas. De hecho, el relato y la narración, fueron en su origen uno con la poesía, poesía que forma parte integrada dentro de esta novela. “...siempre presente como un diablillo cojuelo, en los acontecimientos de la comunidad. Barrancos era una esponja lírica que recogía los detritus que provoca la risa y el llanto, transformándolos en materia poética.”

El espacio juega un papel fundamental en El extraño vuelo de Ana Recuerda, la novela transcurre en un lugar absolutamente aislado, Cártugos, un pueblo de la alpujarra granadina ideado por Morales Lomas, es un espacio geográfico que imprime los comportamientos de los personajes, personajes que se sienten aislados. El autor ha procurado que estos personajes sientan ese aislamiento que les provoca reflexiones profundas, sentimientos que les abstraen de la realidad, ahogamiento en sus recuerdos... Vemos, en esta intención, cómo Francisco Morales Lomas hace un uso subjetivo del espacio, ya que cobra una gran importancia en la novela. Cártugos es una alegoría de la transición española, una alegoría de aquel fracaso de autarquía promovida por el dictador español. El autor asume su intento de representar la España de la posguerra en ese pequeño pueblo que algunos críticos han intentado identificar con Pórtugos, un pueblo de la Alpujarra granadina, pero nada más lejos de la realidad; Cártugos es “un lugar aislado, como lo fue España durante tantos años, sumida en la autarquía económica pero también en la de los sentimientos, las emociones y la reflexión vital” (Juan Jiménez Padial). Este espacio creado, ex profeso, por el autor no es nada nuevo, otros autores ya crearon el suyo, como García Márquez creó Macondo o Mágina, Muñoz Molina.

Como final a este comentario, he considerado interesante recurrir a la sutileza e ironía del autor que recuerda al lector que todo lo que está leyendo no existe, aludiendo a esa necesidad de creer, a la esperanza que siente el lector de la existencia de aquello que está leyendo:

“¿Acaso la felicidad no es una forma digna de engaño? Sucede algo parecido con el lector de una novela: sabe que todo es mentira, que la farsa puebla tantos personajes, ambientes y situaciones, pero desea, necesita creer que todo es verdad, que todo está sucediendo con la misma naturalidad que lo cuenta el novelista” [pág. 334].

 

María del Mar González Martín (Málaga, 1982) realizó los estudios de EGB en el colegio “Rosario Moreno” y los de ESO y Bachillerato, en el IES “Santa Bárbara”, de Málaga. Tras empezar la diplomatura de Turismo en la Escuela de Turismo en Málaga y dedicarse varios años a actividades comerciales, comienza los estudios de Magisterio por vocación. Actualmente cursa 3.º de de Lengua Extranjera en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga.

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año VIII. Número 59. Enero-Febrero 2009. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2008 María del Mar González Martín. © 2002-2009 Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.