EL URÓLOGO ALHUCEMA, GRANADA, 2007.

Un catedrático de Derecho Procesal llega a la consulta de un urólogo porque se encuentra con unas molestias. Después descubriremos que su enfermedad tiene mucho que ver con las mujeres. Sin embargo, antes de pasar a la consulta, tiene que hacer frente a una enfermera de las de pelo en pecho y de armas tomar que le plantea toda una batería de cuestiones tan absurdas como la vida misma, por ejemplo, si come churros o va a los toros, preguntas trascendentales para que el especialista pueda hacer su diagnóstico como Dios manda. Su encuentro con el urólogo será, como podrá ver el espectador, tan esperpéntico como el diálogo con la enfermera. Con esta obra, Morales Lomas pretende una vez más crear un teatro lúdico, sarcástico, socarrón en el que el canibalismo humano en todas sus facetas se haga presente y se adueñe de la escena.

 

.(FRAGMENTO)

 

ACTO ÚNICO

 

         Un HOMBRE llega a la consulta de un urólogo, el Dr. Watergate, acompañado de su MUJER. Al abrirse la puerta los recibe la AUXILIAR, una señora rechoncha con bigote de dos semanas y mamas prominentes.

 

AUXILIAR.- Nombre.

HOMBRE.- (Educado) Buenas Tardes.

AUXILIAR.- (No responde) Nombre.

HOMBRE.- ¿Cómo?

MUJER.- Te está preguntando tu nombre, Pedro.

AUXILIAR.- (Aparte) ¡Ay, Dios mío, otro pelmazo!

HOMBRE.- ¡Ah, sí! ¡Claro! Pedro… Pedro Pinta Pinta, señorita.

AUXILIAR.- (Haciendo un chiste malo) ¿No será usted pintor? Ja, ja, ja…

HOMBRE.- No, soy… (Duda). Soy catedrático de Derecho Procesal por la universidad de Lovaina.

AUXILIAR.- ¡Ah, Lovaina!

HOMBRE.- ¿Ha estado en Lovaina?

AUXILIAR.- (Borde) Eso no es de su incumbencia. A ver si se cree que le voy a decir en todos los sitios que he estado.

MUJER.- (Vanidosa y protectora) Mi marido es catedrático de Derecho Procesal desde hace treinta años. No le pregunta por nada.

AUXILIAR.- (Susceptible) ¡Quién lo diría! … Bueno, ¿qué le pasa?

HOMBRE.- Quiero que el urólogo me reconozca.

AUXILIAR.- ¿Ha estado alguna vez en la consulta del Dr. Watergate?

HOMBRE.- No.

AUXILIAR.- ¿Va a los toros?

HOMBRE.- (Sorprendido) ¿Cómo?

MUJER.- Te pregunta que si vas a los toros.

HOMBRE.- Ya sé lo que me pregunta.

AUXILIAR.- ¿Usted es sordo?

HOMBRE.- (Molesto) No, no soy sordo y, además, no voy a los toros. ¡Hace usted cada pregunta!

AUXILIAR.- Usted limítese a responder… Y menos mal que no le gustan los toros. Al Sr. Watergate no le gustan los pacientes aficionados a los toros… ¿Usted come churros?

HOMBRE.- (Atónito) ¿Qué?

MUJER.- Estás espeso hoy, hijo. Te pregunta que si comes churros…

HOMBRE.- Sí estoy muy espeso hoy. Para ti es muy habitual que vayas al urólogo y te pregunte la auxiliar de enfermería si comes churros.

AUXILIAR.- Enfermera.

HOMBRE.- (Mordaz) Sí, claro, enfermera.

AUXILIAR.- O rectifica ahora mismo o me voy a chivar al médico y le voy a decir que le gustan los toros.

HOMBRE.- ¿Y..?

AUXILIAR.- Y verá cómo le mete el dedo más gordo.

MUJER.- Deja ya de fastidiar y sé cortés con esta señora, por favor, Pedrito.

AUXILIAR.- ¡Hoy, Pedrito, qué majo!

MUJER.- ¡Menos guasa, señora, que le agarro el moño!

AUXILIAR.- Tengamos la fiesta en paz… ¿Come o no come churros?

HOMBRE.- (Ausente) Bueno…

AUXILIAR.- Bueno…, ¿qué?

HOMBRE.- (No sabe si es perjudicial afirmar o negar) ¿Sí…?

AUXILIAR.- (Entiende sí) Menos mal que ha dicho que sí. Al Dr. Watergate no le gustan los pacientes que no comen churros. Dice que no tienen ninguna personalidad.

HOMBRE.- (A su señora) ¡Uf, menos mal, iba a meter la pata!

MUJER.- (Aparte) Ten cuidado con esta mujer, es una mala pécora.

AUXILIAR.- ¿Decía algo señora?

MUJER.- Nada, que tiene usted un moño muy moderno.

AUXILIAR.- ¿Ha tenido usted alguna enfermedad infecciosa?