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LA YAYA DE MAURITANIA Granada: EntreRíos, nº 0, 2005.

Publicada en la revista granadina EntreRíos en 2005.

 

Se trata de una parodia en la tradición del teatro cómico europeo y español, siguiendo las teorías teatrales de Beckett, Ionesco, Valle-Inclán o Mihura, entre otros. Se centra el autor en una situación concreta cuando una joven inmigrante, venida desde Mauritania, entra como criada o yaya en la casa de una familia de clase media española. A partir de esta situación, se produce el choque entre los elementos de la barbarie y de la n”ueva civilización”, la actitud de los “nuevos ricos”, los representantes de la familia que la acoge, y la de los nuevos parias o esclavos del siglo XX. Esta obra permite bucear de un modo aparentemente distendido en uno de los problemas más importantes que tienen las sociedades europeas en la actualidad y la forma de integrar la inmigración en los países europeos con toda la problemática discriminatoria que ello conlleva.

 

(FRAGMENTO)

 

ACTO ÚNICO

 

 

                 La escena se sitúa en el salón de una casa. Los propietarios esperan la llegada de una joven mauritana que va a cuidar de sus hijos. Se consideran nuevos ricos. La joven es una inmigrante llegada en patera desde Nuakchott, a saber de qué modo. Suena el timbre y sale a abrir el HOMBRE. Se queda un tanto extasiado ante la belleza de la joven y su comportamiento se hace excesivamente empalagoso.

 

HOMBRE.- Usted debe ser la señorita Junia. Pase, pase, por favor, está en su casa.

 

YAYA.- (Sesea) Grasias.

 

HOMBRE.- ¿Qué tal el viaje?

 

 (La YAYA no responde y el HOMBRE piensa que ha dicho una tontería.)

 

MUJER.- (La MUJER la  coge del brazo y se la lleva dentro del salón como si la conociera de toda la vida) ¡Hola, mi querida Junia, las ganas que tenía de conocerte! Fíjate, las tonterías que pregunta mi marido sobre tu viaje. Si hubiera llegado él en una patera no preguntaría chorradas. Supongo que tendrás sed y te gustará abrir los grifos y echarte agua por la cara.

 

(La YAYA se queda un tanto sorprendida. La MUJER le habla con mucho desparpajo.)

 

Hija, no sé de qué te sorprendes. ¿Acaso a los mauritanos no os gusta el agua? Pues a los de Argelia sí. Fíjate, hace años tuvimos a una niña argelina y eso era lo que más le gustaba: abrir los grifos y echarse agua en la cara. No seas tímida. Ven, te voy a enseñar donde está el servicio.

 

(Se la lleva del escenario. El HOMBRE, mientras tanto pone música árabe actual como homenaje a la recién llegada. Al poco viene la YAYA con la cabeza chorreando.)

 

HOMBRE.- ¡Has puesto a la chica como una sopa!

 

MUJER.- He hecho lo que le gusta a los que viven en el desierto ¡Qué poco amable eres con las visitas! ¿Acaso no te acuerdas de Zulema? ¿Le gustaba o no le gustaba echarse agua en el pelo?

 

HOMBRE.- Pues, la verdad que sí, estaba todo el día en el lavabo y nos tenía la casa echa unos zorros.

 

MUJER.- ¿Lo ves?

 

HOMBRE.- Sí, sí, lo recuerdo. Y recuerdo también que el día que se marchó lloraba como una magdalena en el aeropuerto. No se quería ir al desierto porque no había grifos. Y es que, claro está, en el desierto no hay agua, como es evidente, y aquí sí.

 

(La YAYA, con el pelo chorreando no da crédito a lo que oyen sus oídos. Está boquiabierta.)

 

Parece que la señorita Junia se ha quedado extasiada. Lo entiendo. Nuestra casa es muy bonita. A todo el mundo le pasa lo mismo. Trabajo que nos ha costado.

 

MUJER.- ¿Le gustan las cosas árabes?

 

HOMBRE.- Mujer, ¡cómo no le van a gustar si ella es árabe!

 

MUJER.- La lógica falla, vida, pero… ¿Es que en Mauritania sois árabes también?

 

(Antes de que la YAYA pueda responder.)

 

HOMBRE.- Pues, mujer, claro. En Mauritania son árabes y en Marruecos, y en Argelia, y en Túnez…

 

MUJER.- (Lo corta)…Vale, vale, corta el rollo que te embalas. Ya sé que el árabe está de moda, pero yo qué sé, también en África hay muchos animistas.

 

HOMBRE.- Pero, mujer, ¿tú ves a esta chica, con lo guapa que es, con cara de animista?

 

MUJER.- Yo qué sé, vida, las personas son una caja de Pandora, donde menos te los esperas salta la liebre.

HOMBRE.- Pero en el caso de esta chica es evidente que no. Tiene cara de árabe, como los caballos de Jerez.