EL AGUA ENTRE LAS MANOS

Aula de Literatura José Cadalso, San Roque (Cádiz), 2006, pp. 3-5.

Cózar, Rafael: “Adicción literaria: Morales Lomas” en El agua entre las manos de Morales Lomas, Aula de Literatura José Cadalso, San Roque (Cádiz), 2006, pp. 3-5.  

ADICCIÓN LITERARIA: MORALES LOMAS. 

Rafael de Cózar
Catedrático Universidad de Sevilla

          Paco Morales Lomas tiene una relación con lo literario que pertenece al ámbito de las adicciones, de las dependencias, de los vicios, como aquellos que uno inició de joven y se te fueron quedando impresos sus efectos en las células, hasta el punto de que ya no resulta suficiente con el coqueteo esporádico con alguna de sus sustancias, sino que nos lanzamos a todas las variedades con la convicción de que ya no hay cura. En este sentido, no sólo se merodean, catan, afrontan y sufren las diversas posibilidades creativas de la literatura, sino que también, lo cual es menos frecuente, nos atraen el campo de la crítica, la investigación, el estudio profundo de lo literario, todo eso que es menospreciado a menudo por los que ingenuamente se consideran creadores puros.

         Lo cierto es que no conozco a ningún poeta que no sepa muy bien lo que hace y por qué lo hace, que no sea un gran lector y capaz por ello de una existente autocrítica, o crítica de lo de los demás, aunque a veces lo oculten. Lo de la inspiración y las musas, lo del arte que fluye con naturalidad, sin esfuerzo, es una falsedad evidente, lo que ya confirmaba Baudelaire. Sólo quien es verdadero creador puede ser buen crítico, pues la crítica es también creación y como manifestaba Shelley (Defensa de la poesía), todos los grandes filósofos, profetas, historiadores, o líderes sociales de la historia fueron poetas, tenían alma de poetas. La experiencia en carne propia de un estudio de Morales Lomas me permitió comprobar que uno no está a salvo de que te desvelen íntimos aspectos si el lector que te analiza es agudo lector y encima hace pública su agudeza, evidenciando que la duda entre ficción y verdad que conlleva todo texto literario quede a la luz pública. Al menos cabe la esperanza de que no todos los lectores tienen tan finos bisturíes entre sus manos.

        Y según lo he afirmado, Paco puede ser un buen ejemplo de abordaje, siempre con nivel, del relato, el poema, la narrativa más extensa, el artículo, el comentario literario, o el estudio más profundo incluida la enseñanza de la literatura, profesión que nos permite vivir todo el año (y no sólo beber) de la literatura.

     En este caso, dentro de una colección que ya ha hecho historia, gracias a Juan Gómez Macías, nos ofrece Morales Lomas una selección de poemas, El agua entre las manos, donde aborda desde el principio la difícil temática amorosa, ahora desde la tenencia, no la aspiración ni la pérdida, como es más frecuente.

      Unos primeros poemas, de mayor extensión y perteneciendo a libros anteriores, abren el cuaderno, que se completa con poemas inéditos más breves, pinceladas que perfilan y amplían la órbita al principio trazada.

      Y en el conjunto queda así esbozado el amor de la vivencia, amor de madurez, que procede de haberlo catado y que deja constancia además de esa catadura, con detalles concretos evidentes. No es infrecuente que los poetas jóvenes, como ya he señalado, escriban de amor porque aspiran a él, o cuando lo han perdido, apenas sin probarlo. Hay que tener cierta edad (o experiencia en vivirlo) para poder hablar del centro de la experiencia, esos momentos en que uno sabe que le “tienen en el bote… como las aceitunas”, prendido y amante como un niño, pero capaz de afrontar los cuerpos como adultos, con la carnalidad que la experiencia exige y conlleva.

    El amor que se refleja en los poemas es un amor de lo cotidiano, de contactos y tactos, de besos, de jugar en la cama al “pilla pilla”, sin merodeos líricos: “Sonríeme, bésame, bébeme. Víveme, / lo demás son apartes, apuntes y pespuntes…”, pero también de lo que acompaña a todo eso: a veces la tristeza, la distancia, encuentros y reencuentros, la conciencia destiempo y la ausencia de eternidad, el vacío y la memoria como agarradero para mantener vivo el sueño.

      El tiempo también va pasando entre las páginas, según avanzamos en esta selección poética, sobre todo en la serie de inéditos. Es evidente que un amor no idealista, que no es sólo carnal pero que tiene en el tacto un valor esencial, obviamente recibe los impactos del paso del tiempo en el espejo, frente a los espejos de la juventud, pero es efectivamente un signo de madurez reconocer, cuando “el vivir se nos hace lento”, que así es en definitiva la vida, tal como el título del primer poema, “Lecciones de historia”.

     No cabe duda de que este cuaderno es una antología, pero Morales Lomas ha tenido el acierto de confeccionarla con un eje, un hilo conductor bajo ese título general que alude simbólicamente al contenido. El agua del amor no puede ser eterna en nuestras manos, pero tampoco es cierto que salga tal como entra, pues hay un tiempo en que permanece, mayor o menor según apretemos los resquicios entre los dedos. A algunos el amor les dura menos que una ganzúa en el patio de la prisión. En el fondo es cuestión de esfuerzo, de la importancia concedida y de dedicación al tema, no sólo literariamente. En esto estamos ambos en la misma cuerda: el amor, la vida, o la literatura, nos tienen en el bote, o sea que somos como las aceitunas…

SELECCIÓN DE POEMAS

  • LA FLOR DE LA CANELA
  • Y EL MUNDO
  • SOLEDAD QUE VUELA
  • FUEGO
  • REENCUENTRO

Ahora que aún se mece en un sueño

Tu memoria de palabras abiertas

Y jazmines que crecen,

Quiero dejar la noche mojada

Por tu verbo y tus lágrimas.

Como si ya no tuviéramos

Que morir ni dejar en el olvido

Nuestras almas desnudas.

En el viejo puente, en el río

y la alameda te esperaré siempre

navegando las aguas del Motlawa

como héroe que regresa

en la luz indiferente del amanecer.

Hay un hombre y una mujer

que se hunden en el instante

y son finitos en sus sollozos

y en la contaminación de su tristeza.

 

Una mujer como un arcano

que no extingue su horizonte.

Un hombre como un hijo

que padece su vuelo de carbón.

 

Y ambos con su realidad a medias,

con su invisible corazón que juega.

 

Une el aire sus puentes

y acaso la ternura sus bocas.

 

Frutos de la benevolencia de las manos,

de esa alerta que el amor crea.

 

Firmes en su propósito de abarcar

el mundo y con ello ser más ellos mismos,

más tierra que retoña.

 

Su delicadeza de seres que se abrazan

bien puede caber en un silencio

o en una noche junto al mar,

pero su empuje de rosas viene de lejos,

de esa carne remisa al cansancio

y su osamenta.

 

Su obra son ellos mismos atados

al universo, con los balcones que crean

sus surtidores y la necesidad

de amarse para que las heridas del mundo

no los ahoguen.

 

                                AHORA EL SILENCIO NOS OCUPA.

 

Sin nadie, sólo, en la lejanía.

Regreso al vacío que como un fantasma

Me protege y de mí se apiada.

Quizá sea pájaro

Que asciende los cielos

Y en la infinitud del aire

Se solaza y crece.

Navego hacia el horizonte

Que nunca alcanzaré

Sin más velas que el bramido

Del oleaje y la historia

Que se resiste a morir.

Digo ojos y se ilumina

la palabra que asciende

al cielo y, fúlgida, enciende

la antorcha de luz divina.

Claro arcano que camina

por las escalas del cielo

y despojada del velo

del mundo, en desconcierto,

alienta en el dulce huerto

                                      la esperanza del vuelo.

 

 

Ayer te besé en los labios.

Fue como el beso del recuerdo,

El mismo beso de un verano joven

Que ya dura muchos años.

No sé si mis labios ajados

Sucumbieron ante el peso

De tu arrogancia

O fue tu cuerpo desnudo

Quien me devolvió el poso

De la memoria.

Si sé que tus palabras

Zozobraron contra el mascarón

De proa de mi cuerpo.

Que el silencio habitó

Cada palmo de la piel

Y ya sólo fuimos

Infancia que vuelve.

Morena o rubia,

Con el hábito de la carne,

En el pretil de tu mirada,

Te conté la historia

De estas arrugas que me invaden.

Me desvanecí en el sigilo

De tus largos dedos albos.

Luego me pediste

Pruebas de mi amor,

Como si el amor

Admitiese propuestas

De abogados.

Quizá algún presente

Sonoro que llevarte a la cama.

Pero sólo supe darte

Un puñado de palabras vencidas,

La película antigua

Que durante muchos años

He soñado.