SALUMBRE

INSTRUCCIONES PARA MATAR

Al caer la noche

espere en la esquina del sueño,

afile la navaja de la memoria,

huela la profundidad del crimen

que viene de camino,

preste sus sentidos

al silencio y olvide,

olvide que hubo una mano

que acometió su cintura,

un labio que sucumbió

hace tiempo en otra historia

y espere, espere, espere.

Al caer la noche

usted se habrá escondido

para no ser descubierto por la pasma,

habrá ocultado sus huellas

tras unos guantes de plástico,

habrá perdido un instante

en recrear el pálpito de la víctima.

Al caer la noche,

olvide el zapping, los partidos

de fútbol, la noche de amor,

las películas de Orson Welles,

los exabruptos de Burroughs.

Olvide que fue niño,

que el colegio era un crimen

y la adolescencia el cementerio.

Olvide que se enamoró

y sucumbió a la alegría.

Para ser un buen criminal

hay que beber del olvido.

Si lo interrumpe un buen sueño,

aséstele de puñaladas.

Y espere, espere, espere.

Sin la menor reserva

ahí está su víctima,

sus palabras solazadas en el escrito,

su vanidad al descubierto,

su número de identificación fiscal,

la osada procacidad de sus ilusiones.

Sin el menor sigilo

alguien llamará a la puerta

y usted estará detrás,

porque así lo hacen los asesinos

y usted lo es.

Brillará en ese instante la navaja

y esperará a que la respiración

de su víctima llegue a su piel.

Y mate, mate, mate,

verá que el pasado ya no existe,

que el tiempo se ha detenido,

que la sed de la palabras

es ahora un canto,

un silencio.