Morales Lomas es presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios. Catedrático de Lengua Castellana y Literatura. Doctor en Filología Hispánica. Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras. Profesor de la Universidad de Málaga. Columnista de opinión en diversos medios de comunicación. Crítico literario en periódicos y revistas especializadas: El maquinista de la Generación, Estafeta Literaria, Quimera, Turia, Canente, Lectura y Signo, Estudios Humanísticos, Analecta Malacitana, Ficciones, Alhucema, Extramuros, EntreRíos, Tres orillas, Papel Literario, Cuadernos del Sur, Tierra de nadie, La Opinión… Vocal de literatura del Ateneo de Málaga. Es especialista en la lírica de Valle-Inclán y en literatura contemporánea. Ha participado como ponente en congresos de literatura española y ha sido incluido, entre otros, en La Enciclopedia de Andalucía y en varios estudios de literatura contemporánea; los más recientes: Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Andalucía. Paisajes y palabras. Guía de Autores; Andalucía, espacio natural. Literatura y Arte; Literatura en Andalucía. Narradores del siglo XX; Treinta poetas andaluces actuales; Poesía española (1975-2001); 21 de últimas. Conversaciones con poetas andaluces; Poesía viva de Andalucía y Objetivo: La Palabra. Forma parte del Consejo Asesor de la revista EntreRíos (Granada) y de la Editorial Zumaya, y del Consejo de redacción de El maquinista de la Generación, de Canente y de Papel Literario (revista digital y suplemento de Diario Málaga). Jurado en concursos literarios. Entre otros es presidente del jurado del Premio Andalucía de la Crítica y ha sido presidente del Jurado del Premio de Escritores Noveles que concede la Junta de Andalucía y presidente del Premio Internacional de relatos Encarna León de relatos (Melilla), Jurado del Premio de narrativa Vicente Blasco Ibáñez (Valencia), Andalucía de poesía en Fondón... Ha sido traducido a varios idiomas. Entre otros reconocimientos ha sido

  • Finalista del Premio Nacional de Literatura (Ensayo) en 2006 con su obra Narrativa andaluza fin de siglo.
  • Finalista en los años 1998, 1999 y 2002 del Premio de la Crítica con Aniversario de la Palabra, Tentación del aire y Balada del Motlawa; y del Premio Andalucía de la Crítica en 1998.
  • Premio Joaquín Guichot de la Consejería de Educación.
  • Premio de Periodismo del Ministerio de Economía.
  • Premio Doña Mencia de Salcedo de teatro 2002 por la obra Un okupa en tu corazón.
  • Escritor invitado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) en 2006 con motivo de la "Invitación de Honor de Andalucía".
  • Incluido en la Enciclopedia General de Andalucía. Tomo XII (Junta de Andalucía-Unicaja-Caja Granada-Cajasol-Cajasur).
  • Escritor invitado al Instituto Bain de Bretagne (Francia) en 1999.






Morales Lomas

Francisco Morales Lomas (Morales Lomas) nació el día 26 de julio de 1957, a las 6 de la mañana, en el número 13 de la Plaza de la Legión de Campillo de Arenas, un pueblo de tres mil habitantes de la provincia de Jaén, próximo a la serranía de la comarca de Sierra Sur. Un pueblo de montaña (famoso por ser la sede del Puerto Carretero) en el que los terrenos forestales, de pastos permanentes y de tomillares-espartizales se alternan en toda la zona oeste y norte del término municipal y donde los enclaves naturales son abundantes, destacando las inmediaciones del pantano del Quiebrajano y de la Cañada de las Hazadillas. Su actividad económica principal es la derivada del olivar. Ubicado justo en mitad del camino  entre Jaén y Granada, un simbólico espacio en todo el proceso que ha vivido su obra y adquiere una importancia abrumadora en la novela La larga marcha. Morales Lomas es de signo Leo, y, como los nacidos en este signo, es un corredor de fondo, amigo de sus amigos e idealista nato.

 




Campillo de Arenas

Sus padres fueron Antonio Morales Pérez Ramos, militar, y Dolores Lomas Aguilar, ama de casa. Primogénito de una familia formada por cuatro hermanos: Antonio, Andrés y José Joaquín. Antonio comenzó estudios de electrónica pero al final tendría un establecimiento relacionado con la hostelería y la restauración; Andrés hizo la licenciatura en Derecho, y tras un breve ejercicio profesional, aprobó unas oposiciones como profesor de Enseñanza Media y José Joaquín, el benjamín, realizó la licenciatura en Farmacia. Tras un breve espacio de tiempo trabajando en un hospital sería inspector de Farmacia y coordinador provincial de Sanidad en la provincia de Badajoz. Los primeros años de la vida de Morales Lomas transcurrieron en Moraira y Calpe (Alicante) adonde su padre estaba destinado, con constantes estancias en Campillo de Arenas vinculadas a los periodos vacacionales de Navidad o Semana Santa. Siempre dirá Morales Lomas que Campillo de Arenas era los juegos, los amigos y el contacto con la aventura de todo signo.

 

Su abuelo materno, Joaquín Lomas Montes, lo llevaba de pequeño al campo y le enseñaba ese contacto especial con la naturaleza; su abuelo paterno, Francisco Morales Ramos, le enseñará los primeros rudimentos de la lírica: cantaor aficionado y trovero consumado, Francisco tenía mucha facilidad para la lírica y si hubiera tenido formación literaria seguro que habría sido poeta; pero lo era, un poeta del pueblo. Durante mucho tiempo, hasta su fallecimiento, recordaría a su abuela materna, Carmen Aguilar Olmo, que le contaba cuentos al amor de la lumbre y le hizo ganar el espacio para la narración oral. Pero estos primeros años se caracterizan por una síntesis entre el mar Mediterráneo en Calpe y Moraira y la sierra Mágina. Una perfecta síntesis que aparecerá reflejada con frecuencia en toda su obra: severidad y truculencia de montaña, ironía y delirio de mar.

 






Con su hermano Antonio


Calpe

A los tres años su padre Antonio pedirá traslado a La Alpujarra granadina y durante tres años vivirá en Sorvilán, un pueblo desde el que contemplará su gran pasión: el mar. Su establecimiento especial le posibilitaba ver los barcos que hacían la travesía por el Mediterráneo y su aislamiento en la sierra granadina le permitía ese permanente contacto con la naturaleza, la soledad y las historias truculentas que siempre se contaron en los pueblos de la sierra. De ese periodo recordaba en algunas de sus obras, las puestas de sol en el mar y los diálogos con el cura del pueblo que se convirtió en una especie de guía espiritual. Pero, sobre todo, las historias que contaban los lugareños, muy cercanas al romanticismo: aparecidos, ahorcados, brujas...

 






A la edad de siete años



Con su hermano Antonio

Cumplidos los cinco años, ya cercanos los seis, llegará a un nuevo destino en ese periplo corrido de la infancia, Dúrcal (el lugar de Rocío, la cantante), un pueblo cercano a Granada de la que distaba apenas veintisiete kilómetros y hasta donde llegaba un tranvía que tardaba más de hora y media en hacer el trayecto. Dúrcal es ya la infancia consciente y definitiva. Su río fue lugar de encuentro permanente y sus espacios vitales cercanos, sus nacimientos de aguas, su naturaleza construyen la razón de ser literaria del futuro escritor. Si Campillo, adonde iba y venía sin solución de continuidad, y con el que estuvo permanentemente unido, había sido la primera infancia, Dúrcal es, definitivamente, el encuentro con la infancia consumada y madura.

 

Allí todos los domingos asistía al cine y pudo ver las grandes obras de entonces, las grandes películas de Cecil B. De Mille, las grandes superproducciones a las que era tan impulsado y las películas de indios. Siempre iba al gallinero y no era ajeno a los líos que por entonces se montaban allí. Tuvo como profesor al alcalde del pueblo, el maestro, que era el padre de su mejor amigo, pasado el tiempo fallecido en Colombia con apenas cuarenta años. El juego ocupa gran parte de su actividad y el cine. Las tardes de invierno ponían con frecuencia películas de Laurel y Hardy recogidas con singular acierto en uno de los poemas de Aniversario de la palabra. Algún día fue marcado por aquella educación fascista de la época, cuando un maestro, por el mero hecho de que comentaba algo con un compañero, ante su admonición le dio una torta de tal envergadura que le abrió un corte en la frente.

 

Durante estos años se produjo un acontecimiento que marcó a Francisco: se extendió por el pueblo la idea de que su padre había disparado sobre un guardia civil y le había causado la muerte. Luego se supo que todo había sido un montaje de la vox populi, pero durante mucho tiempo pensó que su padre iría a la cárcel y esto fue motivo de angustia y profundo dolor. Allí hizo sus primeros pinitos como monaguillo, idea que le sugirió a su padre la posibilidad de que ingresara en el Seminario Menor, aunque después se descartó. La influencia del campo y la naturaleza es fundamental en estos años.

 






Morales Lomas en 1972



Granada

Con nueve años realiza el Examen de Ingreso en el Instituto Padre Suárez de Granada y comienza sus estudios de Bachillerato en la Academia Progreso de la calle Mesones. Y al poco tiempo su padre se traslada a esta ciudad. Este cambio desde el campo a la ciudad supuso un duro golpe en el niño que se vio, de pronto, encerrado en una angosta y destartalada calle del centro de la ciudad, la calle Candiota (que será título y escenario de una de sus novelas), y de la Plaza de la Universidad, donde treinta años antes había sido detenido Lorca... Desconocía que por esos mismos años  la que sería su futura mujer vivía por aquellas mismas calles. Nunca acabó de adaptarse totalmente a la ciudad y durante muchos años sintió una profunda nostalgia de la libertad de antaño asociada a su infancia y al contacto con la naturaleza. Granada significó la ruptura con la infancia, su final adelantado. La novela Candiota, en este sentido, tiene un valor simbólico trascendente. No llegó con buen augurio a la ciudad pues mientras descargaban los muebles de la camioneta (que será protagonista en uno de sus poemas de Aniversario de la palabra) unos niños le darán una pedrada en la cabeza que le abrirá una profunda brecha, la alegórica herida que tuvo que soportar durante los primeros años de arraigo al medio hasta que poco a poco se fue adaptando a vivir en una ciudad. Paquito se hizo por entonces un niño solitario al que le gustaba recorrer la ciudad a solas, con algunos amigos, muy pocos, que vivían en la calle Elvira y con los que jugaba de vez en cuando en Los Salesianos, cerca del Hospital Real. Si durante el bachillerato elemental fue un alumno mediocre, no podemos decir lo mismo del bachillerato superior, que lo llevó a cabo en el Seminario Menor, donde se convirtió en el alumno con el mejor expediente de su promoción. Durante estos años servía como monaguillo con frecuencia hasta que durante el año de 1973 definitivamente sufrió una crisis de religiosidad y decidió abandonar a la iglesia permanentemente. Por entonces se convirtió en un lector empedernido, sobre todo asiduo a la Biblioteca Pública del Salón y a un librero de la calle Elvira que vendía libros de segunda mano y con el que conversaba con frecuencia.

 

Allí compró en ediciones de la editorial Bruguera las obras más antiguas que posee, grandes títulos de Dostoievski, Dante, Ovidio, Catulo, Bécquer... y la Biblia, una obra que leyó con calado durante todos estos años y en la que vio, además, una de las grandes obras literarias de la humanidad. Por entonces conoce al catedrático de Latín Gaspar de la Chica Casinello que se convertirá en un gran amigo, consejero y profesor. Durante el verano, en el palacio arzobispal de Víznar hará traducciones con él, y leerá a Tito Livio, Catulo, César, Cicerón... Definitivamente será durante el curso 1973-1974, estando en el Instituto Padre Manjón, cuando comenzará a descubrir los acontecimientos sociales a raíz de la voladura en diciembre del 73 de Carrero Blanco. Su compromiso con los ideales de la izquierda era cada vez mayor asociado a los conceptos de humanidad de los que había sido impregnado con la lectura de la Biblia. Desde luego que por entonces eran Bécquer y Juan Ramón Jiménez sus poetas más leídos.

 






Emigrante en Francia 1977



Facultad de Filosofía y Letras 1974

Este es uno de los períodos más importantes en la vida de Morales Lomas que ha sido reflejado con profusión en su obra Candiota. Con diecisiete años recién cumplidos entra en la Facultad de Filosofía y Letras (Hospital Real). Por aquellos años el decano era el catedrático Antonio Gallego Morell. La universidad será el encuentro con la libertad, la politización, el amor y el proceso de conformación de un individuo en contacto definitivo con la literatura en uno de los periodos, la Transición Española, más importantes de la historia de España reciente. Por entonces entrará en contacto con una serie de amigos y estudiantes que con el correr de los años se convertirían en escritores afamados. Fernando de Villena será su amigo y compañero de curso en aquellos primeros años, y se relacionará también con José Lupiáñez, Antonio Ubago (editor del sello editorial del mismo nombre), Ángel Moyano (fundador de Port-Royal) aunque esporádicamente con Antonio Enrique y otros escritores jóvenes de entonces como Antonio Carvajal, Enrique Morón, Javier Egea... Antonio Carvajal por entonces había publicado varios poemarios y se hablaba de él como uno de los escritores con más proyección. Dejarán una huella importante el profesor Hernández Vista con el que hubiera querido llevar a cabo estudios de Lenguas Clásicas, una especialidad a la que aspiraba inicialmente, aunque en cuarto curso cambiará por la especialidad de Hispánicas. Conocerá a los profesores Azpitarte, Juan de Dios Luque, J. J. Lens, Andrés Soria (padre), Antonio Sánchez Trigueros, Juan Alfredo Bellón, Emilio Orozco, Gregorio Salvador, Juan Carlos Rodríguez, que ejercerá un magisterio seductor entre su alumnado por entonces... También comenzarán sus estudios en esta universidad escritores muy conocidos posteriormente como L. García Montero y estaban en los últimos años y acabarían otros como A. Jiménez Millán, Andrés Soria, Álvaro Salvador, Antonio Chicharro... Fueron años de profunda politización en la universidad granadina, no ajena al proceso de cambio que vivía la sociedad española. Simpatizará a partir de entonces con el PCE, aunque no llegará a estar nunca afiliado a esta organización. Fue una época de descubrimientos, del amor y de la literatura. Fue en segundo de carrera, el 20 de noviembre de 1975, cuando conoció la noticia de la muerte de Franco: fue una mañana en que de pronto apareció el presidente de gobierno, Arias Navarro, con cara compungida y no exenta de ademán teatral, para decir que el pájaro había volado a su nido.

 

En 1976 se produce un acontecimiento de gran importancia en su vida: la emigración a Francia para trabajar durante los meses de septiembre y octubre en la vendimia. A este año seguirá 1977 y 1978. Menos por una necesidad económica y mucho más por una necesidad de conocimiento, y de aspiración de un aire menos viciado que el que vivía la sociedad española, profundamente represiva, conservadora, puritana e hipócrita. Francia produjo en él un cambio extraordinario. Fue de hecho el encuentro con otro mundo, con una cultura democrática, profunda y liberal en las costumbres. Fue por aquellos años cuando pudo ver El último tango en París, antes de que lo pudieran ver los españoles en España.

 

Fueron años de profundos amores que pasaron por su vida sin dejar muchas huellas. Una de las que más, motivo de muchos poemas escritos por entonces en español y francés fue Patricia Vidauban, una joven francesa de dieciséis años de la que quedó prendado. Después llegarían otras y, en 1977, Pilar, que al cabo de los años se convertiría en su esposa. Durante este año realizó la tesis de licenciatura de Francisco Umbral dirigida por el profesor José Antonio Fortes. Y será elegido representante de curso junto a Jose Valles durante 1978. Durante este periodo van fraguándose muchos escritos, algunos de ellos permanecen aún inéditos: El opositor, Ricias y cartuentos, Cuentos, La narrativa de Francisco Umbral... y comienza a fraguarse su primer libro como un proceso de influencia de tres factores esenciales: la lectura de César Vallejo, la poesía de Miguel Hernández, los novísimos y la experiencia trabajando como emigrante en Francia.

 






En 1981



Con su hija Lorena. Arenys de Mar 1983



Morales Lomas 1981

A los veintidós años, en julio de 1980, aprueba las oposiciones de Enseñanza Media y en octubre se casa con María del Pilar Pérez Esteban en la iglesia de Santa Ana en Granada. Su primer destino es Guadix. Allí conocerá a unas personas de gran valía intelectual: Millán Santos, el narrador Miguel Arnas y al matrimonio que  tenía nombres de dibujos animados, pues se llamaban cariñosamente Menchi y Moncho, dos amables eruditos. Ella con el tiempo sería Directora General de la Junta de Andalucía, Delegada de Educación de Granada y aspirante a la alcaldía de Granada por el PSOE, Carmen García Raya; él, Ramón García, anarquista y bohemio, intelectual y divertido. Periodo extraordinario de cambios personales y geográficos. Experiencias sorprendentes y descubrimiento del mundo.

 

En 1981 publica su primera obra Veinte poemas andaluces, en Bilbao, en la misma editorial que Gabriel Celaya había publicado unos años antes uno de sus libros. Una obra que se había gestado en los últimos años, un compendio entre las lecturas citadas de César Vallejo, Miguel Hernández y los Novísimos; pero también su cambio de destino: Barcelona abría un nuevo mundo en su corta existencia. Un mundo cosmopolita, europeo y abierto que durará hasta 1985. Pero, sobre todo, noviembre de este año 1981 está marcado por el nacimiento en Barcelona de su hija Lorena, que supuso algo trascendental en su vida.


Barcelona será otro mundo. Al principio no quiso perder contacto con la Universidad y estuvo matriculado en la especialidad de Lengua Francesa pero abandonará para entrar en relación con un grupo de intelectuales que se reunían en la casa de José Jurado Morales, el poeta de Linares, creador junto a Max Aub durante la República del Cuaderno Azor. Jurado Morales fue un anfitrión portentoso y allí se gestó, nació y se publicó su segunda obra Basura del corazón, bajo la dirección del poeta linarense. Una obra que abordaba las razones de la gran ciudad bajo la influencia de la generación beat americana: lecturas de Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Timothy Leary, William Burroughs… estarán presentes en ella.

 

Cada sábado asistía a la tertulia que Jurado Morales dirigía en su casa de Conde de Borrell por donde pasaron intelectuales de España e Hispanoamérica y donde eran asiduos los escritores José Membrive, que con el tiempo fundaría Ediciones Carena, la siempre vital y agraciada Visi Beato, la inteligente Esther Bartolomé Pons, el cernudiano Vicente Rincón, el gran sonetista almeriense José Carreta, Esteban Conde Cholla, José Matea, Víctor… Un periodo de gran riqueza en lo personal y de conocimiento de una realidad bien distinta: la gran ciudad.






Tertulia Azor Barcelona 1984




Málaga llegará al encuentro viajero y casi definitivo en esta trayectoria socorrida hasta el momento que le permitió recorrer múltiples lugares de la geografía española; también fue el reencuentro con amigos como Mari y Luis Antonio Espejo-Saavedra. Y nada más llegar, como un gran anuncio, nace su segundo y querido hijo Julián en 1986. Entra en contacto con Francisco Peralto (a quien le recomienda José Jurado Morales en Barcelona), Antonio García Velasco, Rafael Alcalá y Pedro Cascales, con los que participó en algunas revistas literarias como Galera Literaria… Su contribución como crítico desde entonces es habitual y colaborará durante estos años esporádicamente en el diario Sur, en cuyas páginas escribirá columnas de opinión dentro de Tribuna Malagueña y en Diario 16, también en algunas revistas literarias.

 

Comienza sus estudios de Derecho en la Universidad de Málaga y entra en política afiliándose al partido de Ramón Tamames, Federación Progresista, integrado en Izquierda Unida-Convocatoria por Andalucía. En este partido será secretario de organización y formará parte de la Comisión Política Provincial de IU-CA en representación de la Federación Progresista. Entonces conocerá a su buen amigo Felipe Foj Candel.  Época de gran actividad política que le permite intervenir en continuos actos con dirigentes de la formación como Julio Anguita, Carlos Hernández Pezzi, Antonio Romero, Inocencio Fernández…

 

Por aquellos años, conoce también a Alberto Torés (del que es buen amigo desde entonces) y José Gaitán y pasará a formar parte del Consejo de Redacción de la revista Canente participando en todo el proceso de gestación de la misma hasta su desaparición ya en el siglo XXI. Fruto de esa amistad será la publicación de su obra Azalea en  la colección de Canente-Libros.  Se afiliará a la Federación de Enseñanza de UGT y durante dos años se hará cargo de la Secretaría de Formación.




Con Pilar, mi mujer en 1992



Con mi hijo Julián en 1991






Morales Lomas con Miguel Hernández

Abandona cualquier actividad política y las actividades jurídicas que le motivaron a trabajar como pasante durante un curso. Obtiene la cátedra de Lengua castellana y literatura. Es el período en que se concentra definitivamente su actividad literaria y surge un  ciclo de gran creación literaria en diversos ámbitos: narrativa, periodismo, poesía, teatro, ensayo y crítica literaria. Comienzan sus clases en la Universidad de Málaga. Aparece gran parte de su producción literaria y se concentra totalmente en la creación y el ensayo formando parte de muchos proyectos literarios como el Grupo Málaga en torno al Diario Málaga, el Grupo Entreparéntesis, formará parte de diversos consejos de redacción de revistas y consejos asesores como El maquinista  de la generación, Canente, Papel Literario, EntreRíos…  o el creado en torno a la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios presidida por Antonio Hernández, que le pasará el testigo ya en 2006 y desde entonces será su presidente. O recientemente la llegada al Ateneo de Málaga como Vocal de Literatura.


Son años de gran actividad literaria y social que le permitirán conocer a escritores como Campos Reina, José García Pérez, Aurora Luque, José Antonio Mesa Toré, José Sarria, Manuel Alcántara, Rafael Ballesteros, Antonio Garrido Moraga, Julio Neira, Antonio García Velasco, Antonio Jiménez Millán, Francisco Ruiz Noguera, Carlos Benítez Villodres, Rafael Ávila, Eduardo Vila, Juan Gaitán, Guillermo Busutil, Rafael de Cózar, Rosa Díaz, Antonio J. Quesada, Antonio Gómez Yebra… y un largo etcétera.

 




Jurado Premio Andalucía de la Crítica


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